No sé si será porque estoy escuchando The Kings of Convenience después de todo este tiempo, pero estoy en uno de esos días. Esos días que duran una semana. Habiendo visto ya los trece fantásticos episodios de The Big Bang Theory la notebook sin internet pierde un poco su uso práctico, pero al estar ocupada la PC de escritorio no me queda otra que seguir usando esta, para no perder la costumbre de contactarme con los aspectos tecnológicos tan importantes en mi vida diaria. Entonces leo. Y no, no leo libros que me ayuden a expandir mi escaso nivel cultural, sino conversaciones pasadas con un montón de gente. Con gente que me olvidó, con gente a la que olvidé, con gente con la que me divertí mucho, con desconocidos con los que tuve un momento mínimo de conexión total. Pero por sobre todo, con gente que me rodea que, recién ahora descubro, me aprecia. Pero de verdad, ese tipo de aprecio al que llaman incondicional y es tan cursi. Ese que para algunas personas resulta tan fácil expresar. Después estamos los otros, aquellos que fuimos criados de alguna forma en particular. Por ejemplo, yo me desarrollé en el seno de una familia que no se comunicaba. Más bien se formaban alianzas: mi hermana con mi madre, mi hermano por su cuenta, mi padre medio ausente, y entre ambos progenitores una especie de “don’t ask, don’t tell”. Y yo en el medio de eso, tratando de manejarme lo mejor que podía.
Es muy fácil acusar a la familia, de todas formas. En parte tendrá algo de culpa, pero también soy yo quien no se esfuerza. No, no vuelvo con el rollo de siempre de la inactividad sobre las actividades y tal, sino que me refiero a desestimar y desatender las relaciones con esas personas de arriba, las que en su momento me dijeron cosas como “te voy a apoyar siempre en la decisión que tomes y nada de lo que hagas va a afectar el amor que siento por vos”. Ya había leído esas palabras hace unos dos años, pero hoy las leí por primera vez. ¿No es fuerte? ¿Cuánta gente puede decir que tiene personas así en su vida? Yo sin embargo dejo que la incomunicación crezca cual hongo en la ducha. Envidio de verdad a aquella persona que llama a otra sin ninguna razón en particular y mantiene un diálogo durante 15, 20, 30 minutos. Yo más bien quiero llamar a alguien, sostengo el celular y pienso que no tengo nada para decir. Qué imbécil. Cuándo dejaré de pensar en mí mismo. Lo más importante a veces no es hablar sino escuchar y decirle “presente” a aquellas personas que ya me demostraron aprecio en su momento y a las que me cuesta responderles con palabras directas por mi propia autoestima arruinada. Luego soy el primero en desechar a las personas en cuanto me decepcionan. Qué poca tolerancia; si la gente que me rodea hiciera eso mismo conmigo estaría absoluta y completamente solo. Ayer por ejemplo, intenté evitar a uno de mis mejores amigos. A una persona a la cual conozco desde hace casi siete años. Una amistad que considero casi vital para no perder la cabeza. Y sí, hizo algo que no me cayó simpático y que me dejó atontado por una semana, pero por más que intento hacerme el duro en el fondo me duele sentir que estoy incomodando a una persona a la que aprecio más allá de problemas boludos.
Todo nace por este problema de sobreanalizar todo sobremanera. Y la gente normal, aquella de la que me suelo reír, no hace eso. La gente normal no se enrosca en elucubraciones innecesarias que dilatan las acciones, sino que va y lo hace y continua con su vida. Yo esta noche me estoy enfrentando con mi peor parte, porque en el fondo sí que soy una mala persona. No porque realice “malas acciones” sino porque directamente no hago nada y eso afecta a mis relaciones con la gente que me importa. Y después pienso que quizás no superé como pensaba el accidente de 2005, que los cambios fueron algún tipo de reacción alérgica a la pérdida y que recién en el último tiempo me comenzó a afectar. O quizás no, al fin de cuentas son elucubraciones. Lo que sí se es que no puedo seguir así.
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Rodrigo Steinmann
a las
4:41 PM
El pasado 18 de abril mi blog cumplió cuatro años. Iba a escribir un texto pero la verdad es que no tengo ganas.
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Rodrigo Steinmann
a las
2:11 AM
Hoy tuve la segunda clase de informática. Por primera vez en estos años nos tocó un profesor verdaderamente bonito. Lamentablemente es también increíblemente seco. Por otra parte, siempre es un fastidio que te expliquen algo que ya sabés. Más fatídico aún es cuando te explican algo que sabés que está equivocado, de la misma manera que le decía a la de inglés que “blanks” no lleva “c”. Ni hablar de que lo más fatal de todo es cuando tenés que asumir esa posición de cerebrito que se las sabe todas. De todas formas, nunca me siento muy bien cuando estoy obligado a demostrar mis conocimientos sobre áreas como la computación o incluso el inglés. Porque al ser autodidacta, las cosas las aprendí mediante la práctica. Es decir que si me preguntás qué es un antivirus yo podría formar un concepto en el momento basándome en las cosas que conozco, pero seguramente no va a ser igual que el que haya inventado la Academia Nérdica Intergaláctica o quien sea que se sienta lo suficientemente importante para crear definiciones en un sector que no tiene ninguna autoridad definitiva. Además me cuesta confiar en alguien que toma de ejemplo a Microsoft para cada cosa que explica y que encima no sabe escribir bien el nombre de sus productos. Me pasó el año pasado, me pasó este también.
La informática que se enseña en la escuela es una materia aniñada. Ningún profesor tiene ningún problema en Química, por ejemplo, a la hora de tirar conceptos abstractos y complicados de entender para cualquiera que no sepa lo que es el efecto Doppler, sin embargo en computación los conceptos están dados de tal forma que puedan ser entendidos por el más imbécil del grupo. Lo cual me lleva a una pregunta interesante, ¿es válido estupidizar el conocimiento para que sea más accesible para todos? Por un lado sirve porque mucha más gente es capaz de conocer un tema, y eso es supuestamente bueno en sí mismo (aunque no creo que lo sea necesariamente), pero por el otro es una masa de personas que está informada sólo por la mitad y que maneja conceptos incompletos o erróneos.
Por ejemplo, en el concepto de sistema operativo: "... comienza a trabajar cuando se enciende la PC". De internet: "... encontramos la world wide web o la "red global mundial" (sic) La red global mundial [por si no se entendió su característica principal es que es global y mundial al mismo tiempo] es un sistema de documentos y medios (fotos, audios, etc.)". De antivirus (la mejor): "Aunque antiguamente los virus eran muy dañinos (formateaban discos, borraban fotos)...", "Los antivirus deben actualizarse ya que son capaces de revisar cualquier archivo adjunto que llega en los mails..." (???). De "cortafuegos": "Si el cortafuegos no reconoce algún programa mostrará una ventana indicando una alerta de seguridad...". Es decir, si yo configuro un firewall para que si detecta algo lo mande a la impresora o a un mail (no sé si existirá esta opción pero imagino que sí), ¿deja de ser un firewall? Pues según esto *debe* mostrar una advertencia en una ventana porque de lo contrario es otro tipo de programa al que habrá que nombrar luego. Además de los conceptos erróneos también se puede ver esa obsesión que tienen los profesores de informática para hacer popular a la materia. Es como que no pueden dejar pasar dos renglones sin mencionar a las fotos, como si el mundo de la informática se resumiera finalmente en un aparato cuya función es mostrar los recuerdos de la última salida o el último cumpleaños. Los virus antes eran más dañinos y hacían cosas como formatear discos rígidos, que está bien. Pero ¡oh dios mío! ¡También borran fotos! ¡En ese caso de veras que eran malvados! Lo único que falta es que cuando hagan la típica pregunta "¿cuánto espacio hay en un disquete?" tomen como válida la respuesta "3 fotos".
No puedo evitar pensar que mucha de la gente que estudia ingeniería en sistemas o alguna carrera similar para poder dar clases no lo hace porque sepa realmente de computadoras sino simplemente porque es cool manejarse con la tecnología en la edad de internet. Está bien que esté generalizando, pero los cuatro profesores que tuve hasta ahora, quitando tal vez uno, me dieron esa imagen. Sin ir más lejos, la semana pasada busqué el nombre de mi profesor actual en Google para ver qué salía. No aparecieron muchos resultados, pero dos de ellos no tenían desperdicio. El primero era una página horrible alojada en Geocities (así que ya se dan una idea) que hizo él usando el Frontpage con una maquetación espantosa y formularios sin llenar. El segundo era, y esto es lo que me causa más miedo, una página del diario La Nación, suplemento informática, en donde este chico había mandado un mail a la editora para que lo ayudaran con un problema increíblemente terrible que estaba teniendo. Aparentemente el Word le tiraba un error cuando se abría diciendo que un archivo DLL estaba dañado. Ya ven, en lo que se refiere a computación éste es uno de los errores más graves con los que se van a encontrar y sólo quien haya dedicado toda su vida a estudiar cómo funcionan los circuitos de la mother es capaz de resolverlo. Comprendo por completo que él no haya podido resolverlo por él mismo y haya tenido que recurrir a un periódico. En serio que no afecta en absoluto su imagen de profesor. ¡En serio!
PD: Qué bien se siente escribir sin tener que preocuparse por la redacción.
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Rodrigo Steinmann
a las
2:18 AM
Vivir en una ciudad costera tiene muchas contras. Una de ellas es que en cuanto se acaba el verano, cuya mitad está siempre cubierta por lluvias regulares, llega el frío prácticamente sin ningún punto medio. Un día está lindo y al otro te agarró una pulmonía. Por ejemplo, esta noche está todo increíblemente gélido. Pero por lo menos mi regazo está siendo calentado artificialmente por una preciosa notebook que es, digamos, prestada y tendré por unos pocos días. Es la primera vez que escribo algo en un aparato que no tiene limitaciones de caracteres y que puedo llevar a cualquier lado. En este momento estoy en la cama, acabo de ver unos episodios de Third Watch y ahora suenan The High Llamas, que con sus melodías popreciosistas logran ambientar un lugar que lucha para no terminar congelado.
Honestamente estoy con un estado anímico raro. Creo que cualquier "blogger" se enfrenta a esto al menos una vez cada tanto. Me doy cuenta que hay momentos, quizás meses enteros, en los que puedo analizar bien todo lo que sucede a mi alrededor y soy capaz de comentarlo en un texto. Por más que luego descubra que estoy equivocado, al menos se pueden ver las cosas claramente durante esos períodos. Y después no sé, pasa algo o no, y maravillosamente te bloqueás y no podés escribir ni la lista del súper aunque te lo propongas. En esta última semana habré abierto el notepad unas veinte veces con la intención de actualizar el blog, pero cuando no hay nada que contar no hay nada que escribir. Pero mierda, sí que hay cosas que contar, hay anécdotas y tonterías que merece la pena mencionar. Así que siguiendo con la línea del post anterior, voy a forzarme para escribir algo hoy, salga lo que salga.
Hará más o menos un mes me escribió una persona desconocida a mi mail con el asunto “soy un lector de tu blog”. Lo abrí intrigado, y me encontré con la carta de una persona que me hablaba de su vida, sus fantasmas y sus inquietudes. Se lo comenté a mis amigos y a ninguno pareció intrigarle demasiado. Yo sentía una mezcla de desconcierto, sorpresa y molestia. ¿Desde cuándo me transformé en consejero? ¿Por qué escribir estupideces en un blog puede hacer que una persona se comunique conmigo esperando recibir respuestas a problemas importantes? ¿Por qué de repente tengo encima de mí la presión de tener que ayudar a alguien cuya vida desconozco? ¿Qué puedo ofrecerle a una persona además mi falta de conocimiento sobre la vida? De todas formas junté coraje y le escribí una respuesta, sin saber qué decir al comienzo pero finalmente hablando sobre mil cosas distintas. Y no se sintió mal creer que quizás había ayudado a alguien, tal vez plantando una semilla que luego lo llevara a sacar sus propias conclusiones. Y cuando llego a creerlo, después del intercambio de un par de correos, descubro que no, ni lo ayudé ni puedo ayudarlo. Porque él vive allá y yo acá, él fue criado de una forma y yo de otra, él está rodeado de un ambiente con el que yo no tengo absolutamente nada que ver. Y le puedo decir una y mil veces que no le haga tanto caso a su religión, que no tiene que vivir torturándose por tener tal o cual preferencia sexual y que la única pregunta válida es "¿querés ser feliz o no?". Pero no lo entendería, y no tiene por qué hacerlo. Porque yo no soy nadie ni tengo grandes respuestas para nadie. Ni siquiera para mí.
El martes salí con mis hermanos, mi prima y Pato. Otra vez en la costa, el frío me hizo mal mezclado con el alcohol y terminé vomitando frente a un bar por primera vez en mi vida. Y yo que siempre soy tan recatado, aún tomando vodka por demás logro comportarme y mantener todo a raya, como hice el sábado anterior en una reunión que estuvo lejos de ser perfecta. Fue bastante horrible, más allá de la acción de vomitar que me parece la necesidad física más espantosa, el hecho de sentirse desasociado, de no poder captar a tiempo los objetos inmediatamente cercanos a tus piernas (como las mesas o las sillas), de querer decir algo pero descubrir que las palabras no salen tan claras como deberían. Me siento un poco así a veces, aún estando totalmente sobrio.
Por otra parte comencé con la escuela. Ya es el último año. Y lo único que me falta es que ahora me pregunten en los comentarios "¿y qué vas a hacer después?". ¡¡¡¡No lo sé aún, gracias!!!! Es que en serio, ¿qué puedo hacer? ¿Escribo lo suficientemente bien como para trabajar en un medio gráfico? Y si no es así, ¿en qué soy bueno? ¿Me resigno ahora y consigo un trabajo mediocre? Y el trabajo es un tema, pero el estudio es otra. Sucede que sí, me interesan muchas cosas, pero no puedo discernir sobre qué es lo que simplemente me interesa y qué es lo que me gusta lo suficiente como para perder años de mi vida en ese único tema. Me interesaría saber más de filosofía, de teología, de música, de cine, de la historia del arte, de lenguajes. O quizás un poco de antropología, tal vez psicología. Me interesan esos temas y también otros. Pero no para pasarme años y años estudiando una carrera universitaria. Ya me pasó cuando era chico, siempre dije que estudiaría ingeniería en sistemas porque “tiene que ver con computadoras”. Luego descubrí de qué trata la carrera, y también me di cuenta que amo a la tecnología y me interesa un montón, pero no tanto como para recibirme con el título de ingeniero. Y luego está esto de las aventuras gráficas. También me gustan, pero ya el sueño es como un poco demasiado. ¿Hacer aventuras gráficas? ¿Yo? ¿Por dónde se empieza? ¿Qué debo conocer?
Quizás no sea éste el momento de hacer esas interrogantes. Tengo que priorizar. La dura realidad es que no tengo trabajo, por ende no tengo dinero, léase no tengo libertad. Pensé que si no me fuese posible conseguir un trabajo que tenga que ver con la escritura (y hasta ahora todas las probabilidades apuntan a ese lugar efectivamente) tendré que cumplir con el sueño de mi padre, al menos temporalmente. Es decir, debería entrar a trabajar en el casino por un par de meses y ahorrar para poder mudarme a Buenos Aires. ¿Por qué quiero mudarme ahí? Porque acá no sé qué hacer, y allá tampoco lo voy a saber pero al menos voy a tener más opciones. Y me será más fácil el asunto laboral, quizás hasta consiga trabajar de lo que me gusta, pero además también tengo un abanico de opciones sobre lo que estudiar. Quizás me anote en uno de estos cursillos de cine por unos meses, a ver qué tal. Y recién una vez que esté en una situación más o menos estable, que no tenga que preocuparme sobre cómo voy a hacer para comprar cigarillos o viajar en colectivo, veré si es que me dedico a hacer videojuegos o si hay algo que me interesa más.
Desearía que no fuera así, sin embargo, y pudiera tener las cosas más en claro en este preciso momento.
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Rodrigo Steinmann
a las
1:28 AM
Hace más de un mes que no escribo nada personal en mi blog personal. Qué puedo decir, me gusta la polémica. Aunque honestamente va más allá de eso. El tema pasaba por no querer escribir cosas personales dado que eran escasas. O no escasas, pero sí raras. Nublosas y un poco confusas. Según recuerdo, desde el viaje a Buenos Aires que hice en enero hasta hace pocos días atrás me preguntaba nuevamente lo mismo que me pregunté durante mucho tiempo. ¿Por qué estuve tan bien en el 2006 y por qué no ahora? Es un tema complicado y justo cuando creo encontrar la respuesta el argumento se da vuelta y puede leerse de atrás para adelante. ¿Me sentía bien porque cambié mi aspecto, salí del clóset, me cultivé y me llené de ilusiones? ¿O cambié mi aspecto, salí del clóset, me cultivé y me llené de ilusiones porque me sentía bien? ¿Y por qué se rompió el ciclo? ¿Hay una fuerza cósmica que indica que me sentiré bien durante tales períodos y mal durante otros? Estas son sólo algunas pocas preguntas de todas las que me hacía diariamente. Y colorín colorado, un año entero ha pasado.
Creo que fue la semana pasada que tuve una conversación con Pato. A veces me sucede que empiezo a hablar sobre un tema personal y quien me escucha puede creer que estoy totalmente convencido de lo que estoy diciendo por más que lo estoy inventando en el momento. En esta conversación, que comenzó cuando contaba que había escrito un nuevo análisis en LAELA, yo decía que me había dado cuenta que lo único que pasó en el 2007 fue que me sumergí en una especie de letargo que no me permitió colaborar activamente con mi página favorita, que no me permitió ver películas, leer libros y descubrir música nueva. Que hizo que estuviera de mal humor las 24 horas del día. Y en resumen, que resultó en 365 días tirados a la basura por completo. Pero ya me había hartado, dije, y es hora de obligarme a hacer cosas. Porque al fin de cuentas las interrogantes del párrafo anterior con respecto a la realimentación entre el ánimo y las acciones tenían dos experimentaciones posibles: o dejar pasar otro año mientras esperaba que el ángel del buen humor me tocara su varita mágica y ver si afectaba mis actividades, o bien comenzar con las actividades y ver si afectaba a mi ánimo, con el miedo de seguir sin mejorar y escribir artículos descafeinados. Así que pocos días después de terminar el análisis del Phantasmagoria 2 ya me propuse encontrar un nuevo juego para analizar. Y mientras lo escribía y me daba cuenta de la cantidad de estupideces que estaba redactando me entró miedo, me dije que nada de esto iba a funcionar y estuve a punto de entrar en verdadero pánico.
Y para colmo en mi partición de Ubuntu quise actualizar un paquete y me trajo problemas. Y luego lo quise desinstalar y no se quería ir. Probé con miles de cosas y no se iba, no había caso. Finalmente usé un poco de fuerza bruta y pude eliminarlo. Y con él se fueron todos los ajustes de los componentes de Gnome. Pedí ayuda en el foro oficial, supuestamente de soporte, en donde sólo una vez (de seis) había recibido ayuda. Pasaban las horas, nadie me contestaba y mi impaciencia se llevaba lo mejor de mí. Ya comenzaba a contemplar la más drástica de las soluciones. Si bien hace un mes independicé mi carpeta personal hacia una partición separada, no estaba seguro de qué tipo de cosas se guardaban ahí. De repente tuve que tomar una decisión. Podía aprender a convivir con los errores mientras deseaba que alguien pudiera ayudarme, o podía dejar todo atrás, reiniciar, formatear y ver qué pasaba. No era fácil. Por más que la instalación estuviera corrupta, estaba ajustada para cumplir ciertos comportamientos, yo había modificado muchas cosas para que se adaptaran a mí. Era, al fin de cuentas, lo que yo era. Tuve que pensarlo por unas horas, pero terminé tomando una decisión. Metí el LiveCD, dejé que booteara y comencé con la instalación, borrando todos los archivos de la partición de Linux con miedo a que entre ellos se encontrara algo que después no recordara cómo recuperar.
Media hora después la instalación terminaba y yo reiniciaba. Se abrió mi escritorio con el mismo fondo de pantalla, con los paneles ordenados como estaban antes. Chequeé todo, y todo lo que yo había modificado seguía ahí. Tomó un poco de trabajo, por supuesto, tuve que volver a instalar varios programas y además actualizar el sistema. Pero no fue nada en comparación a saber que lo que me gustaba seguía ahí, y los errores (tanto los graves como otros pequeños que acarreaba desde hace mucho tiempo atrás) se habían solucionado. Estoy seguro que más adelante me voy a encontrar con más problemas, quizás puede que sean más graves y tenga que formatear nuevamente. Pero al menos ahora tomé la decisión adecuada. Luego entré al tablón de LAELA y sentí que leía mi nuevo análisis por primera vez. Sólo con mirar el primer párrafo descubrí que había abusado horriblemente de la palabra “empresa”. Y en menos de 5 minutos lo había corregido todo de tal forma que logré que quedara algo con lo que estuviera conforme. Y luego fui al foro y armé escándalo y tiré ideas para mejorar la página. Y ayer vino mi prima de Buenos Aires y quiero verla.
Tener que formatear nunca es una opción fácil, porque en el afán de solucionar un problema podemos apresurarnos a tomar una decisión que resulta ser mucho más drástica de lo que era necesario, y en el camino corremos el riesgo de perder cosas que luego no se pueden recuperar. Pero dudar mucho sobre qué acción debemos realizar nos hace acostumbrar a ese estado, logrando que estiremos los problemas más tiempo del necesario. A veces hay que arriesgarse, reiniciar, formatear y confiar en que las cosas que nos identifican van a seguir estando ahí, rodeadas de un entorno mucho más sano y estable. A veces tenemos que dejar de esperar que las cosas cambien y obligar a que el cambio suceda, modificando nuestra propia conducta para saber a dónde nos lleva. Yo estoy a punto de descubrirlo.
Escrito por
Rodrigo Steinmann
a las
4:22 AM
A veces voy caminando por la calle y la gente me detiene para preguntarme “Señor Steinmann, ¿qué tiene usted en contra de Dios? ¿Y por qué no escribe Su nombre con mayúscula?”. Para empezar, escribo dios con minúscula porque estoy en contra del significado usual de la palabra “Dios”. Es decir, la idea de un dios fascista que nos observa hasta en nuestros momentos más íntimos y que nos dice qué tenemos que hacer y pensar es una idea aterradora, malvada, hiriente y lo mejor de todo es que no está basada en absolutamente nada excepto en elucubraciones de gente que a lo largo de la historia de la humanidad jamás se interesó por el bienestar de la misma. Soy agnóstico, que literalmente significa “no conocimiento”. No se trata de desconocer la existencia de dios solamente, sino el desconocimiento acerca de lo que es dios en realidad. Por este mismo motivo no puedo tener nada en contra de una entidad que no sé lo que es. Sin embargo, sí que estoy en contra de las religiones. Su origen me parece totalmente válido y obvio; el hombre en ese entonces desconocía absolutamente todo lo que lo rodeaba y fue necesario volcarse hacia explicaciones sobrenaturales para darle forma a eventos extraños que en algunos casos lo siguen siendo hoy en día. No me parece aceptable, aclaro, que se mantengan esas creencias miles de años después, cuando la especie humana poco a poco le fue encontrando una explicación lógica a distintas cosas. Sí, ya, hay cosas que aún hoy no tienen explicación. Eso no es un indicador de absolutamente nada ni es una razón válida para creer una determinada cosa. Me parece estúpido, y repito, estúpido, que una persona acepte que fuimos creados a mano por una entidad pensante sólo porque todavía la ciencia no comprobó al 100% distintas teorías. Para ponerlo en términos prácticos, lo veo como tener un rompecabezas gigante y trabarnos en un punto sin poder avanzar. De repente aparece otra persona que en vez de ayudarnos a completarlo lo único que hace es decirnos que jamás podremos hacerlo porque las piezas fueron robadas por elfos mágicos que se alimentan de caracoles violetas. Así es, personalmente la historia del Génesis me parece tan fantasiosa como la de los elfos y no me voy a ruborizar por admitirlo. Soy agnóstico pero intento no serlo, es decir, intento saber, algo tan vital en nuestro tiempo. Si todo el mundo supiera cómo funcionan las cosas (yo lejos estoy de saberlo) aprenderían que muchas cosas que son aparentemente paranormales tienen de hecho una explicación lógica, y yo esto lo veo día a día en abovetopsecret.com. Y si quedan cosas sin explicar, habrá que esforzarse en explicarlas. Pero si no se puede hacer entonces hay que aceptarlo. Aceptarlo pero nunca interpretarlo, porque ahí nace el conflicto.
Todo esto será seguramente el resultado de no haber nacido en una familia que fuese particularmente religiosa, aunque oficialmente todos, incluyéndome, somos católicos. Mi mamá me propuso ir a Catequesis cuando yo era chico y yo acepté porque quería saber de qué se trataba, aunque en el fondo estoy seguro que me atraía la idea de salir de casa solo ya que me hacía sentir responsable. Y yo fui, y canté y leí la bibla. Y tomé la comunión y toda la experiencia no fue menos mundana que ir a la escuela. Es muy probable que el hecho de que mis padres no me recordaran todos los días lo temible que era dios haya influido en que más adelante haya tomado como estúpido al pensamiento mágico, que atención, reconozco que tiene algo de bonito y hasta diría que en algunos casos es necesario creer en algo más, ya sea en la vida después de la muerte o en plantas que hablan. Esto no significa que la religión sea necesaria. ¿Pero por qué? En primer lugar, y esto creo que está claro para cualquiera que piense sobre el tema por dos minutos, la religión siempre fue usada en todas las sociedades como forma de control dándole distintas interpretaciones a las “santas” escrituras para que se ajuste a lo que intentaban imponer (¿de dónde salen los protestantes sino?). Hace varios años vi un documental escalofriante llamado “A State of Mind” que seguía la vida de dos niñas de Corea del Norte mientras se entrenaban para hacer una presentación de danza en un espectáculo anual. “Espero ansiosa el día de poder actuar para el general, eso hace que soporte el dolor de entrenar”, decía (según recuerdo) una de esas chicas. Reflexionando recién ahora sobre ese documental que vi muchos años atrás me doy cuenta verdaderamente del significado de todo esto. Corea del Norte es un ejemplo claro como el agua de lo que sería vivir en un mundo gobernado por una religión, cualquiera sea. Como en 1984, la idea de dios que propusieron siempre los religiosos es la de un ente todopoderoso y omnipresente que tiene reglas muy, muy específicas sobre cómo tenés que llevar tu vida. ¿Y qué pasa cuando no cumplís con las reglas? En muchos casos se dice que ese mismo dios te va a juzgar el día de tu muerte y que irás al infierno. Lamentablemente no es lo que sucede en la realidad ya que los religiosos están más que felices al juzgar al prójimo y hacer de su vida un inferno. Y no hablo sólo de nuestra sociedad y de las limitaciones que mucha gente sufre sino también de casos extremos en donde hay gente que muere todo, todo el tiempo sólo porque un libro escrito por un fulano indica que así debe ser. Y yo les juro que no puedo creer que a nadie le importe. Está bien, gente muere injustamente todo el tiempo en todas partes del mundo; en África la gente muere de hambre y no es que me parezca que esté bien. Pero por lo menos soy capaz, como ser humano pensante, de comprender que hay una lógica en eso. Por más fría que sea, existe. Pero que una mujer sea apedreada hasta la muerte sólo por estar embarazada y ser soltera, y que la decisión de asesinarla cruelmente se base en un texto que no tiene validez alguna no tiene lógica y creo que es claramente una falta de respeto a cualquier persona que piense por sí misma. Porque cualquiera que lo haga se tiene que dar cuenta lo fácil que fue, hace miles de años y siendo líder de un pueblo de gente que era objetivamente ignorante, decirse conocedor de lo que dios quiere. ¿Acaso la gente puede realmente ser tan estúpida? ¿Todos son tan ingenuos como para pensar que aquellas personas verdaderamente estaban comunicadas con dios y que las reglas que inventaron fueron una fiel reproducción de las instrucciones recibidas y no fueron modificadas en absoluto para controlar a la masa de gente? No sé, quizás el problema es que soy desconfiado por naturaleza, pero yo no puedo tragarme este cuento. Y por suerte no soy el único que piensa así, porque de lo contrario estaríamos todos ahora viviendo en Corea de Norte siguiendo reglas que atentan con nuestra libertad de pensamiento y acción sólo para satisfacer a un líder que no está mirando.
Por otra parte está la idea de que la religión se encarga de inculcar valores morales que le sirven a las personas y por ende a la sociedad. Por eso es que cuando un niño va a la iglesia y ve a un muchacho vestido con camisa y corbata cantando “Oh Jesús te amo tanto” se dice a sí mismo “vaya, qué canción tan bonita con valores tan importantes para mí” pero jamás piensa “esto es lo más cursi y horrible que haya visto en mi vida”. No, claro, porque los niños no entienden de sarcasmo, ¿no? Estoy en contra de esta idea, y para empezar tengo que decir que en parte creo que se debe a que la gente suele menospreciar bastante a los pensamientos que puede tener un nene, pero esto no creo que haya que discutirlo ahora. Por otro lado, si nos ponemos en los zapatos de una ama de casa, seguramente tendremos que preguntarnos qué clase de moral puede transmitir una iglesia que cubre una y otra vez los abusos sexuales de menores, que denigró a las mujeres durante siglos, que apoyó la esclavitud de los africanos, que bendijo dictaduras, que mató a más gente que muchos famosos dictadores juntos, que modificó varias veces sus creencias supuestamente irrefutables, que obliga a los padres a bautizar a su hijo porque si muere sin ser cristiano oficialmente se irá por siempre al limbo, y miles de ejemplos más. Es curioso que los creyentes digan que sin religión no habría moral, porque, más allá de obviar cuestiones como las leyes o que murió muchísima más gente por la religión que por cualquier otra razón, también apunta a una pregunta interesante: ¿qué es exactamente la moral y quién tiene más o menos derecho para explicarla? Es decir, supongamos que sea cierto que sin religión no hay moral, ¿es válida la moral de las religiones? Generalmente tomo como ejemplo a los cristianos porque lo mejor es ni tocar otros como los mormones porque ya es para vomitar incontrolablemente. Una biblia que justifica cosas como la esclavitud, la mutilación, el odio y la matanza, ¿es realmente moral? Claro, a la hora de mostrárselo a un niño seguramente se seleccionará entre qué enseñarle y entonces podemos obviar toda esa parte y saltar directamente a “amar a tu prójimo”, que es muy bonito pero no seamos hipócritas ya que en el mismo libro hay otras enseñanzas que personalmente me parecen aberrantes. De todas formas creo que cada persona es capaz de distinguir por sí misma lo que es bueno y malo para él mismo, pero esto en todo caso se tendría que discutir en un artículo aparte. Lo que también creo, y con todo mi corazoncito, es que no me parece que la moral de la que hacen gala las distintas religiones -todas ellas- sea particularmente bella o útil.
Estoy seguro que en el fondo la necesidad de la religión nace pura y exclusivamente por el miedo a la muerte. Y quizás por eso no soy religioso, porque no le tengo miedo. A lo que sí le tengo miedo es a morir y pensar que no hice nada con mi vida. Claro, en el momento de vulnerabilidad que todos vivimos cuando muere una persona a la que amamos mucho es muy fácil engañarnos y decir que “no importa que haya tenido una muerte espantosa porque ahora está en un lugar mejor”. Y esta es la mentira más grande que una persona puede articular, porque lo que debería decir en realidad es “no tiene sentido que una persona así haya muerto de esa forma” y putear y patear, pero jamás aceptar automáticamente dogmas con los que no se está de acuerdo sólo para poder ocultar el dolor. Hay una realidad objetiva y es que absolutamente nadie sabe qué es lo que hay después de la muerte. Nadie. Ni vos, ni yo ni el papa. Puede venir alguien y decir en nombre de dios que lo que hay es un jardín, luego otra a decir que en nombre de Alá hay una playa, y otro que en nombre de Alf hay un estacionamiento, pero ninguna de esas personas realmente lo sabe y nadie debería aceptarlo. Ni siquiera cuando te obligan, porque una de las características de las religiones es que tienen todo tan meticulosamente calculado que pareciera que siempre tienen un resorte que te empuje hacia adentro y una respuesta evasiva para cada pregunta que tengas. “Tenés que creer en mí porque sino sufrirás eternamente”. Esto es un recurso, señoras y señores, y se llama miedo. Lo cierto es que pensándolo por dos minutos sobre esa imagen del cielo que es tan usual y la reunión con nuestros seres queridos no es que sea muy posible que digamos. Porque nuestros seres queridos también tenían otros seres queridos que a su vez tenían otros, es decir que si el cielo fuese literalmente un lugar, debería ser exactamente igual a la Tierra pero además tendría que ser infinito para poder darle lugar a infinita cantidad de gente. Las personas tenemos que aceptar y amar la posibilidad de que esto es todo, de que no hay absolutamente nada después de la muerte. No estoy diciendo que efectivamente sé que es así, pero estoy totalmente convencido de que es posible. Y que independientemente de lo que haya después me tengo que preocupar por lo que pasa antes de morir, que es lo que me toca vivir en este momento. Es como si Indiana Jones en vez de correr para que no lo aplaste la bola se hubiera detenido a pensar lo bello que iba a ser el bosque cuando saliera.
¿Qué me llevó a escribir sobre religión? Es que estoy notando que se hace cada vez más usual un movimiento ateo en contra de la religión, y yo lo aplaudo pero sólo en parte. Porque ser ateo me parece una posición tan ridícula como ser religioso. Así como es arrogante pensar que sabemos lo que dios quiere, también es arrogante pensar que sabemos que dios no existe. Eso no se puede saber porque depende justamente del significado que tenga dios para vos. A mí me pueden calificar de ateo si me preguntan si creo en un dios fascista, pero hay otras formas que puede tener y que sí considero posibles (por ejemplo, que “dios” no sea más que lo que ocasionó la explosión del big bang, o que es una fuerza de la naturaleza que hace que todo se compense, etc.). Por todo esto me parece que los ateos deberían plantearse realmente su posición y no decir tan ligeramente “no creo en dios”. Y con respecto a las religiones, sería fantástico que pusieran una línea entre lo que es libertad de expresión y ganas de meter el dedo en el culo. Voy a dar un ejemplo que dí hace mucho en un foro. Si una persona se me acerca y me dice que cree fielmente que el color rojo es aberrante, me parece perfecto. Si esa persona va luego a quemar un edificio rojo o a matar a una persona vestida de rojo, tiene que condenarse. A mí me da igual que la gente crea esto o lo otro, créanme que no escribí este texto para convencer a nadie, pero lo que sí creo es que esa misma gente debe guardar sus pensamientos, sus condenas y sus pajas mentales para sus sesiones de adoración. Porque hay que ser maleducado para molestar a gente que no comparte tus creencias y condenarlas al infierno. Y además hay que ser estúpido, porque para hacerlo se están basando en un texto (como puede ser la biblia) que para la otra persona no tiene absolutamente ninguna validez. Es como que yo detenga a una persona con sombrero, saque una lapicera y escriba sobre un papel “la gente con sombrero es masoquista” y luego la apunte con el dedo al grito de “masoca!”. Pero es imposible que los religiosos aprendan esto, ¿no? Porque es sabido que hay que difundir “la palabra”, es como un bonus, te dan 500 puntos por persona que conviertas. En resumen, que la gente crea lo que quiera y si quieren educar a sus hijos con el concepto de que son pecadores y se van a ir al infierno a menos que hagan lo que dice la iglesia o la biblia o el tora, por mí está perfecto aunque igual creo que deberían irse a la cárcel por abuso de menores. Pero aprendan a quedarse en su sitio. Y a los ateos, no hace falta irse a los extremos para estar en contra de algo intrínsecamente malvado como lo es la religión, porque al final se van a convertir en aquello que quieren destruir, sus vidas girarán en torno a la ciencia y el que opine lo contrario será maltratado o quemado en una hoguera y estaríamos en la misma.
Escrito por
Rodrigo Steinmann
a las
11:28 PM
Uso computadoras desde los 3 años y eso para mucha gente alcanza para que te etiqueten como nerd. A otro grupo de gente no le es suficiente, sin embargo, así que uno tiene que buscar siempre nuevos caminos frikis para no perder el estatus. Yo por ejemplo instalé Ubuntu hace menos de una semana, siendo la vigésima novena distro que pruebo, entre las que se encuentran Mandriva, Knoppix, Conectiva, Café Plug (creo) e incluso versiones anteriores de Ubuntu. Ninguna de ellas duró mucho tiempo en mi disco rígido porque con ninguna pude conectarme a internet.
El motivo por el cual quise darle una nueva oportunidad a Ubuntu fue por el descubrimiento de Wubi, un instalador que se ejecuta desde Windows, te instala el sistema en un disco virtual y te modifica el boot.ini. Hace las cosas más rápidas, no lo niego, pero después de todo no lo recomiendo dado que la idea de instalar un sistema operativo en un disco virtual no me termina de convencer, y mover esa instalación a una partición física no es lo más fácil ni rápido del mundo, así que a la larga termina siendo contraproducente. Lo que sí recomiendo es que de una forma u otra instalen y prueben Ubuntu, ya sea su última versión (7.10) como la anterior (7.04), que escuché que funcionaba mejor aunque en mi caso me funcionan las dos perfectamente. El lema de Ubuntu fue el de "Linux para seres humanos", pero me provocaba lo mismo que dijo Leandro en su blog: si es para seres humanos entonces hay que dejar de buscar vida extraterrestre porque yo debo ser un alien. Quizás sí era más sencilla en comparación a otras distribuciones, pero seguía siendo complicada. No así la última versión, que es realmente para cualquiera que sepa manejar una computadora. En especial luego de instalar los "ubuntu-restricted-extras" que trae Java, Flash, códecs para MP3, DivX, el rar y otros. Luego de eso y de configurar e instalar esto y aquello es cuestión de doble clic para ejecutar/reproducir/descomprimir cualquier cosa. Y con Wine tenemos un soporte fantástico para muchas herramientas de Windows.
Debo decir que estoy enamorado. Eso no significa que Ubuntu no tenga sus contras, claro, y es que desde que lo instalé me fui encontrando con distintos problemas más o menos graves, sin embargo nada que no se pueda solucionar buscando un poco en internet. Ya informaré más adelante cómo sigue el asunto.
Y para terminar, cosas pequeñas que no mencioné antes:
* Como ven, agregué un reproductor de música al blog.
* Me robaron la cámara digital en el tren mientras volvía de Buenos Aires.
* Mi papá decidió que se queda a vivir acá.
* Lo otro no lo recuerdo, pero lo reemplazo por esto: el lunes voy al cine a ver Sweeney Todd.
Escrito por
Rodrigo Steinmann
a las
5:53 PM
Hace bastante que no actualizo, ¿no? Es que no estuve de humor y estaba muy ocupado deprimiéndome sobre el estado actual de mi vida. Como siempre, a los pocos días de navegar en ese estado me aburro de mí mismo e intento ver el lado positivo de las cosas. Sin embargo es complicado en un país como este, especialmente con las noticias informáticas que salen de vez en cuando.
Claudio Morgado, ¿qué te pasó? Todavía recuerdo cuando trabajabas en Televisión Registrada como el side-kick de Fabián Gianolla, incluso dejé de ver el programa después de que ustedes se fueron, ¡así de indignado estaba! Y después tocaste la guitarra y eras un loco lindo, pero ¿por qué te metiste en política? Ay, Claudi, si supiera la razón por la que estás ahora intentando pasar por ley un proyecto que sólo se puede calificar de diabólico. ¿Acaso no sabés que el canon digital lejos está de proponer ninguna solución? Es lo de siempre, un plan aparentemente inocente que en el fondo tiene como único propósito darle más dinero a las discográficas, editoras o estudios de cine. ¡Como si lo necesitaran, Claudio! ¡Como si fuera correcto sacarle dinero al verdulero de la esquina para dárselo a Universal Pictures! ¿Acaso no te gustó el mensaje de Robin Hood?
Me encantaría que me expliques, Claudio, por qué los usuarios debemos pagar un impuesto a la hora de comprar dispositivos de almacenamiento. ¿Creés que es injusta la piratería? Yo también, pero descargo cosas ilegalmente por dos grandes motivos: en primer lugar, los precios de películas, libros, discos y particularmente videojuegos son prohibitivos. En segundo, porque los productores de películas, libros, discos y videojuegos son un monumento viviente a la avaricia, y por lo tanto no dudan un minuto en publicar una obra de mierda que cobrarán a precios exorbitantes. Y no hace falta salir a buscar ejemplos: Fahrenheit costaba algo así como $150 en cualquier casa de videojuegos. Y Fahrenheit es una bosta grande como una casa que no vale más de $20. Por eso bajo cosas ilegalmente, porque no soy rico y no puedo darme el lujo de comprar cosas que no me van a gustar en absoluto, teniendo en cuenta que el acto de comprar significa apoyar a las empresas que tuvieron algo que ver con ese producto. Y no soy hipócrita, tengo películas, juegos y CDs de música originales de obras que me parecieron meritorias de mi apoyo.
El problema es que el canon digital nos trata implícitamente de ladrones. A vos no te gusta que se te trate de ladrón, ¿no? A mí menos. Querés que paguemos un impuesto al comprar un CD virgen ya que podemos usarlo para grabar ahí una película pirateada. ¿Y qué si quiero usarlo para grabar fotos personales? ¿Se lo aclaro al vendedor así felizmente me rebaja el precio? Y si querés que pague impuestos para alivianar los gastos de la piratería de la cual estás absolutamente seguro que soy culpable, ¿no me estás dando permiso para piratear libremente? Llamemos las cosas por su nombre, esto no se trata de ningún método de protección hacia gente pobre despesperada por conseguir algo de dinero, sino que se trata exclusivamente de controlar, nuevamente, algo que no se puede controlar. De la misma forma que los proveedores de internet (que por cierto parece que operaran en otro plano existencial ya que nadie parece controlarlos demasiado) se cagan en todo y limitan cualquier tráfico P2P, que está bien que sea un tráfico en su mayoría pirata, pero ¿qué pasa si una empresa decide transferir sus documentos via Torrent porque le resulta seguro o eficaz? Como el grupo humano minorista que son, deben saber que hay cosas que pueden controlar y otras que no. La pornografía en internet, por ejemplo, ciertamente está fuera de su alcance, al igual que la piratería. Porque la red P2P, así como los dispositivos de almacenamiento, son herramientas que, como todo, se pueden usar para distintas cosas. Y suponiendo que esas herramientas desaparezcan, mañana saldrán otras nuevas y el ciclo volverá a empezar. ¿En serio creés que por aplicar un impuesto vas a lograr algo más que enojos de parte de los usuarios? Si reemplazás todas las armas del mundo por pistolas de agua, quedate tranquilo que ya saldrá un muchacho bélico a inventar un nuevo tipo de arma. Y luego irá a buscarte con ella.
Sí, en España existe el canon desde hace unos años. Pero en España el proyecto se encajó de prepo y no tuvieron otra que aceptarlo, porque si vamos al caso no hay suficientes nerds como para salir a hacer una revolución. Acá se sabe de antemano lo que tienen pensado hacer, y nosotros como usuarios sólo podemos, por ahora, quejarnos desde nuestro humilde espacio virtual, sea cual sea y tenga los visitantes que tenga. Porque a todos nos parece un despropósito el canon digital, no porque seamos piratas malvados sedientos de sangre sino porque entendemos que se está limitando nuestra libertad como usuarios y como personas de elegir lo que creemos que es bueno para nosotros, y eso no se puede comprobar hasta tener ese producto en nuestras manos. Si las empresas adoptaron un esquema de negocios que ahora están comprobando que no funciona, es culpa de ellos y no nuestra, por lo tanto no deberíamos pagar nada. Y con "esquema de negocios" me refiero a eso de que todos los productos tienen un precio proporcional a su popularidad. Radiohead propuso otro esquema hace poco tiempo cuando lanzaron su disco In Rainbows, dejando que cada usuario decida cuánto dinero consideraban apropiado pagar por un nuevo disco de la banda. Pero tampoco soy nadie para buscar soluciones. Lo único que puedo decirte, Claudio Morgado, es esto:
No/te tenemos/miedo.
Escrito por
Rodrigo Steinmann
a las
12:37 AM