La absoluta necedad del ser

La gente se puede separar en dos grandes grupos: los optimistas y los pesimistas. Yo suelo encontrarme en ese último, siendo conocido por algunas personas como "el puto emo". La creencia general es que a la gente como yo le va mal porque ve todo negro, mientras que los otros afrontan lo peor de la vida sabiendo que mañana sale el sol. Sin embargo, hay ciertas situaciones que ponen en prueba a cualquiera. Por ejemplo, en mi caso hace varios meses que estoy buscando trabajo. Tuve entrevistas con tres grandes consultoras así como en otras dos grandes empresas que ofrecían distintos puestos. También tuve decenas de entrevistas con empresas pequeñas y algunas de ellas incluso terminaron con "¿cuándo podés empezar?". Entiendo que mucha gente está igual que yo y hay que ser paciente, pero teniendo en cuenta que nadie volvió a llamarme y los proyectos que iban a empezar se cayeron, comencé a considerar seriamente la posibilidad de tener algún tipo de bloqueo paranormal que me imposibilitara seguir con mi vida. Por otra parte, desde un punto de vista menos universal, reconozco que mi estado de ánimo en los últimos meses fue bastante menos festivo que el del año pasado, y quizás eso se traduzca en las entrevistas laborales (y es que en el fondo, aunque conozca los trucos de la prueba psicológica del hombre bajo la lluvia le temo un poco a la de las figuras geométricas).

Hay una especie de preconcepto falso que dice que uno es más hombre cuando es desprovisto de sus posesiones materiales. Que mientras más naturaleza haya reemplazando las comodidades modernas más fácil resulta encontrarse a uno mismo. Si ese fuera el caso mi mundo interior es bastante más vacuo de lo que pensaba ya que ni siquiera logró tapar el sonido de los autos que pasaban por la calle y que, durante un par de días, fueron el único recordatorio de que estaba en el planeta tierra. Es que estuve en una casa vacía, casi sin muebles, sin PC, sin libros, sin música, sin televisión, sin plata, casi sin comida, sin saldo en el celular... sin una mísera radio. Y no, no fui parte de ningún experimento social sino que estuve en medio de una mudanza y se suponía que yo tenía que quedarme en el viejo lugar para limpiarlo. El primer día pasó relativamente rápido porque llegué de una fiesta totalmente alcoholizado, pero el día siguiente (que duró unas 48 horas) fue un poco más denso. Me entretuve al principio con el tema de la limpieza pero la monotonía se apoderó del lugar en cuestión de minutos.

Esa tarde, mientras sentado en el suelo del comedor apagaba mi cigarrillo contra el piso (¿dónde más sino?) y era perseguido por el olor de toda la mierda de gatos que había estado limpiando en el patio, pensaba en el karma. Es simple en teoría: hacés una acción y el resultado vuelve hacia vos como recompensa o castigo. Pero en la vida real funciona de forma engañosa porque no siempre se pueden identificar objetivamente las situaciones en las que hayas hecho un mal a propósito. Quizás no es que se trate de las actividades que uno haga adrede sino simplemente de vivir, es decir, de estar bien un tiempo gracias a factores externos y luego, como castigo, estar obligado a atravesar una temporada de mierda. O puede que exista el karma inverso, en donde a uno le llega el castigo de una acción que realizará más adelante. Todos estos planteos me daban vueltas en la cabeza mientras, al empezar a ducharme después de un día por demás pesado, mi rango de "hazmerreír cósmico" fue confirmado y oficializado en cuanto me empezaba a enjabonar y sin razón aparente se cortó todo el agua de la casa.

Comprenderán que a esa altura me costaba suponer que al otro día iba a salir el sol. Y tenía razón, no sólo me desperté con el día nublado sino que encima estaba diluviando. El patio fue inundado de mierda una vez más, y el acolchado gigante que había lavado a mano fue encontrado sobre la tierra lleno de mugre y de insectos, mientras que la cocina se llenó de agua y los gatos desesperados por entrar terminaron de ensuciar el piso del resto de la casa. Limpié como pude, al otro día llegó mi hermano desde Mar del Plata y tuvimos que entregar la casa. Teniendo en cuenta mi dicha y los problemas personales que mi hermano tenía con el dueño de la inmobiliaria, estaba preparado para un encuentro en donde por lo menos terminaríamos todos en la cárcel. Sin embargo no fue así y todo se completó con una sospechosa diplomacia.

Una vez que terminamos de acomodar las cosas en la casa nueva recibí un llamado telefónico diciendo que tenía una entrevista en Reader's Digest. La primera había sido con una consultora una semana atrás y a esa altura no guardaba ningún tipo de esperanza de que volvieran a contactarme. Cuando lo hicieron me imaginé que el destino tenía reservada una nueva burla que iba a terminar de empujarme hacia el fracaso absoluto, y es que yo ya sabía que estaban haciendo entrevistas para cubrir un solo puesto de trabajo. Al día siguiente me desperté con una cierta carga de desengaño, pero en cuanto salí de mi nueva casa y caminé por la vereda hasta ahora inexplorada, divisé en el final del camino la fuente de una plaza y mi humor cambió un poco. Giré en la esquina y me encontré con un bombero medio en cueros limpiando su camión en la puerta de la estación. El sol había salido, no había dudas, pero si hay gente que dice que la luna está hecha de queso, también podía pasar que esa esfera que me iluminaba hubiera estado formada de oropel.

Salí de la entrevista pensando que había sido un poco corta y que quizás no pude expresar del todo las ganas que tenía de conseguir ese trabajo y de cortar con mi mala racha. También pensé que ahora que estaba sin internet me iba a ser más difícil continuar con la búsqueda laboral, y ya había dicho que si en este mes no conseguía nada me volvía a la ciudad de la cual escapé. Me imaginaba regresando con los bolsos a cuestas, mirando por la ventanilla de algún taxi las calles que tantos recuerdos me traen y me pregunté si sería capaz de soportarlo. No me pude contestar porque me llamaron para comentarme que había quedado seleccionado para el puesto y que fuera el lunes para firmar el contrato.

Hace mucho descubrí que soy bastante más neutro de lo que pienso en cada aspecto de mi vida. No me gustan los extremos y suelo pensar que la verdad siempre se encuentra en los puntos medios de todas las cosas. Es común en mí criticar a aquellos que se enfrascan en una cosmovisión fundamentalista porque creo que no siempre llegan a ver la imagen entera. Por eso no concuerdo con el idealismo positivo de creer que todo está bien y que si no lo está ya mejorará; a veces la vida puede llegar a ser una auténtica pesadilla y está bien tomarse todo el tiempo que uno necesite para creer que el mundo se termina mañana y poder mirar con cariño las vías del tren. Pero, por la misma regla, las cosas no pueden seguir oscuras por el resto de la eternidad. Y si bien uno debería tratar de ser una buena persona, no tiene por qué tirar todo por la borda cuando siente que no se la está recompensando como merece. No sé si existe el karma, así como tampoco sé si existe el biorritmo, pero sí sé que lo único que uno puede hacer es seguir para adelante aunque nos pese, aunque no tengamos ganas o aunque pensemos que va a ser inútil cualquier esfuerzo. Y es irrelevante que nos persiga el sol o una gigante nube negra, al final del día las únicas opciones válidas siguen siendo continuar o morir.

La pasión (del no fútbol)

No me gusta el fútbol ni un poco siento que no encajo en la sociedad esta sociedad tan futbolera pero no a mí no me gusta y me siento reprimido si me hablan de fútbol trato de ocultar que no me gusta y por eso voy a bares de gente a la que no le gusta tampoco y así es como hice buenos amigos y nos juntamos y hablamos de que no nos gusta el fútbol y espero toda la semana para ir al boliche y expresar mi indiferencia hacia el fútbol porque claro en la calle no me animo y entonces voy y bailo y me río y charlo sobre el no-fútbol y veo que ahí tampoco encajo del todo así que me visto como la otra gente a la que no le gusta el fútbol y hablo como la otra gente a la que no le gusta el fútbol y me transformo en una parte de la masa amorfa a la que no le gusta el fútbol y sólo pienso en eso y sólo hablo de eso y voy a marchas políticas aunque a veces no sé por qué marchamos pero yo voy igual y camino y bailo y me emborracho con gente a la que no le gusta el fútbol y disfruto y gasto en el alcohol que proporcionan las empresas que saben que somos un grupo con plata y nos apoyan aunque igual se publicitan en el mundial pero no me importa yo bailo igual y voy a seguir bailando y bebiendo rodeado de gente a la que no le gusta el fútbol y voy a inventar que me gustan otras cosas y voy a conocer todo a lo que ellos hacen referencia y voy a convertirme en otra persona para poder ser quien soy y voy a ser el mejor no-futbolero del grupo y voy a expresar todo lo que quiera en el bar porque no tengo huevos para expresarlo rodeado de gente a la que le gusta el fútbol pero al menos ya admití que no me gusta el fútbol así que estoy muy contento porque soy honesto y nadie me lo puede negar aunque sepa que me voy a convertir en lo que no soy y me case con otra persona que es lo que no es pero al menos vamos a tener en común que no nos gusta el fútbol y yo y mi pareja vamos a ser viejos y chotos pero vamos a mantener nuestra fachada para seguir encajando en la comunidad y me voy a morir y voy a saber que mi vida fue una mentira y una exageración pero voy también a saber que valió la pena porque le demostré a esta sociedad futbolera de mierda que existe gente distinta a pesar de que en la masa seamos todos iguales y entonces en el futuro se construirá gracias a nosotros un mundo en el que la gente no presuponga que al otro le gusta el fútbol y así los nuevos no tendrán que pasar por la misma mierda que yo y puedan encajar siendo ellos mismos pero mientras tanto voy a seguir bailando y voy a seguir tomando y repartiendo volantes de la causa en la calle y voy a llorar hasta hartarme porque hasta que no me termine de morir no voy a saber quién soy pero ahora al menos sé que no me gusta el fútbol.

Sex and the Virtual City (1)

Sin ningún motivo ninguno voy a publicar un pedazo de un informe que comencé a escribir en algún momento de mi vida que ya no recuerdo (puede que haya sido en 2007, o incluso antes) y que no terminé ni publiqué jamás en ningún lado. Tengo otro par de párrafos ya escritos pero no los publico porque muy probablemente los modifique el día que decida continuarlo.

En pleno siglo XXI, lejos quedaron los puritanos que se escandalizaban al ver una rodilla o un hombro. A ninguna persona post moderna le sorprende ver una mujer mostrando sus encantos por la tarde en la televisión, ya que no es ninguna novedad que el sexo vende en cualquiera de sus formas. Desde películas hasta propagandas, las exigencias reptilianas de sexo están presentes tanto en los clasificados del diario como en nuestro correo basura. Y si hablamos del ámbito informático, tendremos que dejar de lado el estereotipo del programador nerd que sólo se interesa por la ciencia ficción, ya que muchas de esas personas buscaron poder transmitir imágenes eróticas virtuales casi desde el comienzo mismo de las computadoras.



En el caso de los videojuegos, podemos rastrear los inicios en un aparato mecánico que nada tenía que ver con los ordenadores. La gran primera máquina que usaba el sexo lúdicamente fue la Computerized Sex Tester, que fue creada en algún punto de la década de los ’60 por Urban Industries y puede verse en un capítulo de Los Simpsons. No dejaba de ser una máquina bastante inocente: por una moneda el usuario ponía su mano sobre la máquina y se le daba a conocer su sex-appeal. A pesar de su moderado éxito, Urban Industries tuvo un final catastrófico. La compañía fue misteriosamente incendiada hasta sus cimientos luego de que su presidente, Nat Bailen, denunciara públicamente a Michael George Thevis, un gangster que se dedicaba al negocio de la pornografía en los años ’60 y ’70 antes de caer en la lista de los 10 más buscados del FBI. La razón de la demanda se debió a que Bailen había inventado a principios de los ’60 cabinas que mostraban películas para niños (un arcade llamado Movies), y Thevis usó ese concepto para proyectar películas y shows porno. Como curiosidad, una de las tantas revistas de adultos dirigidas por Thevis se llamaba “Pendulum” y contaba con textos escritos por “Donna D. Dildo”, un seudónimo que usaba Ed Wood Jr. luego de su época de oropel como director de películas de terror clase B.

De todas formas el inicio verdaderamente popular y mucho más grotesco de los videojuegos para adultos fue en la consola Atari 2600, de 1977. Atari fue una de las primeras consolas que usó un procesador dedicado y cartuchos individuales con juegos, haciéndola más flexible dado que el resto de las consolas usaban juegos incorporados al hardware. Pasaron sólo 5 años – tiempo necesario para que la consola ganara reconocimiento – hasta que una productora de películas porno llamada Caballero Control Corporation se interesara por la nueva consola y abriera una compañía de nombre Mystique. Su paso por el mundo de los videojuegos fue corto, pero no por eso menos chocante. El primer juego que publicaron se llamó Beat 'Em & Eat 'Em, y su dinámica era sencilla: el jugador controlaba a una o dos mujeres que corrían desnudas en las afueras de un edificio mientras un hombre expulsaba desde la terraza sus líquidos corporales en forma de gotas que debían ser atrapadas por las mujeres para poder pasar hacia el siguiente nivel, que por cierto era exactamente igual. En su momento chocó lo explícito de las formas en la que estaba presentado el sexo, sin embargo hoy en día se lo recuerda por ser un juego falto de gracia y de originalidad, no sólo por robarle sonidos al Pac Man sino también porque su idea era la misma que usaban (de mejor manera) otros juegos de la época.

El mal gusto alcanzó un grado aún más alto con el segundo título de la compañía: Custer’s Revenge. En él, el jugador manejaba a George Armstrong Custer, un comandante del siglo XIX que luchó en distintas guerras en los Estados Unidos y murió en 1876 durante la batalla de Little Big Horn, mientras peleaba contra los indígenas. Mystique pensó extrañamente que ese sería un escenario ideal para su próximo juego, en el que el jugador debía atravesar una lluvia de flechas para alcanzar el otro lado de la pantalla y violar a una mujer indígena atada a un poste. A pesar de todas las controversias que ocasionó, Mystique volvió a publicar otro juego en 1983: Bachelor Party. Nuevamente la falta de originalidad era apabullante, ya que se trataba de un clon de Breakout, es decir, una pelota que tenía que pegarle a distintos ladrillos dispuestos a lo largo de la pantalla. En esta versión, la pelota era un hombre desnudo y los ladrillos eran mujeres. Durante este año tomó lugar la crisis del videojuego de 1983 y Mystique fue una de las empresas que quebró. Poco tiempo después, los derechos de sus juegos fueron a parar a una compañía llamada Playaround, que se dedicó a crear modificaciones de los juegos invirtiendo el rol de los personajes. Así, por ejemplo, la nueva versión de Beat ‘Em & Eat ‘Em se llamó Philly Flasher y esta vez el jugador tomaba el control de dos hombres que tenían que juntar los deshechos de una bruja desnuda que corría en la terraza del edificio. Además, la compañía se atrevió a hacer sus propios juegos para adultos. El primero fue distribuido dentro del cartucho de Bachelorette Party, y se llamó Burning Desire. Su mecánica era demasiado explícita como para comentarla en este artículo. Al mismo tiempo se editó un cartucho con el mismo juego y los roles invertidos, llamado Jungle Fever, y además contaba con un nuevo juego: Knight on the Town (que a su vez tuvo otra versión con los roles cambiados). En este último juego antes de su cierre definitivo, Playaround nos ponía en el papel de un caballero medieval que debía cruzar un puente protegido por un troll, un cocodrilo y un pájaro para alcanzar a su princesa. A decir verdad, era algo similar a lo que luego fue el Mario Bros. La diferencia es que en el juego de Playaround el triunfo se festejaba de otra manera.

Si bien los productos de Mystique son los que pusieron al género adulto en la mira, el origen real tomó lugar un poco tiempo antes de la publicación de dichos juegos. Históricamente podemos decir que 1977 fue un año importante para los videojuegos y las computadoras, no sólo por el lanzamiento de la Atari 2600 sino también por la aparición de una computadora personal que marcó tendencias. La influencia de la Apple II en el mundo de la computación merece un artículo aparte, pero suficiente con decir que en su versión original traía hasta 48 KB de memoria RAM (siendo que la Atari hasta ese punto sólo tenía 128 bytes), usaba el lenguaje BASIC y una casetera de audio donde los usuarios almacenaban sus programas, mismo recurso que usó más adelante la Commodore 64. Por supuesto, no tuvo que pasar mucho tiempo para que las compañías de videojuegos quisieran crear productos para esta nueva computadora, y sólo pasaron 4 años hasta que apareció el primer juego para adultos conocido. Con un nombre bastante sugerente, Softporn Adventure -creada por la importante y en ese momento novata Sierra On-Line- se trataba de una aventura conversacional en la que el jugador debía realizar ciertas tareas para conseguir el amor de distintas mujeres. Aunque era bastante inocente, el juego no pudo escapar de la siempre acechante sombra de la polémica - más presente que nunca en nuestros días -, especialmente por su portada que mostraba a tres mujeres en un jacuzzi. Una de esas mujeres no era otra que Roberta Williams, la propia presidenta de Sierra On-Line.

¿Continuará?

Destino final

El destino existe. No como una inevitable cadena de sucesos que vincula el nacimiento con la muerte cual prisión mística, sino que existe como una condena de consecuencias. Hay ciertos eventos que están escritos en algún libro en algún lugar, no tengo ninguna duda, pero las personas pueden, de hecho, "escapar" de lo preestablecido. Y lo pongo entre comillas porque no es más que una ilusión de libertad, puesto que ninguna escapatoria nos lleva a un camino fuera del código binario de la vida. Tenés que tomar esta decisión ahora, elegí A o B. No te apresures, las dos opciones tienen los caminos conectados y ya pavimentados desde mucho antes que nacieras. Así, nuestras elecciones tienen un impacto en el proceder de las cosas, pero eventualmente nos llevan, de nuevo, a eventos programados.

Sin embargo toda aplicación tiene sus fallas. A veces no puedo sino verme como un betatester de la existencia, esta sucesión de instrucciones, aunque no me había cruzado hasta ahora con ningún bug. Y por más que falten datos, estoy comenzando a creer que es posible que la vida te tire un stack overflow y las cosas tomen un giro desafortunado. Uno puede tener un cierto control sobre su rumbo, o por lo menos puede hacerse cargo de las decisiones que toma. Yo puedo, por ejemplo, cometer un crimen si estoy dispuesto a pagar las consecuencias. El terrible conflicto aparece cuando tu destino está en las manos de alguien más. ¿Qué pasa si la otra persona, desconociendo la brutalidad del efecto y la pobre eficacia del código, logra evadir - mediante la incorrecta elección de una opción que los incumbe a los dos - los caminos predeterminados del destino? ¿Qué pasa si esa elección no está impulsada por lo que uno realmente quiere sino por un básico y sencillo miedo, o peor aún, por un cambio de parecer repentino sin ningún fundamento? Aquí, creo, se encuentra el problema: la vida no sabe qué responderte porque eso no estaba previsto, y entonces cae sobre ambos una maldición egipcia que puede dejarte a la deriva durante mucho tiempo mientras, por detrás, tratan de reorganizarse todos esos puntos que se suponía que ibas a atravesar de alguna forma y que ahora están comenzando a desvanecerse. Un letargo necesario porque evita que tu vida termine cual variable alojada en la memoria, pero también desafortunado por todos aquellos tortuosos minutos, días, meses. Será el precio a pagar mientras esperamos pacientemente por una sana depuración.